escombro



No importa que tu casa se parezca a una de esas casas de China, de la China que no sale en los telediarios rascando la espalda del cielo y organizando olimpiadas, sino de la China que asesina nepalíes y sustenta infiernos con dinero rojo teñido de rojo.

No importa que tengas que compartir tu ropa interior con la ciudad para que se seque con el viento, o con la reprobación, fingida indiferencia o cualquier otra actitud del viandante que pasa debajo de tus bragas de diario.

No importa que tengas que hacer honor al dicho aquel de que «no es mas rico el que más tiene, sino el que menos necesita» porque el IPC crece más deprisa que tu sueldo de mileurista, tus hijos y las canas de tu cabeza.

Nada de todo eso importa mientras puedas permitirte tener una antena de televisión por satélite que te ofrecerá mil ventanas hacia las vidas ajenas con que te quedas dormido cada día en el sofá. En ese sofá ajado que perfectamente puedes encontrar un día cualquiera tirado en la calle de un barrio de tu ciudad cuando llega el 091 a desahuciarte.

P.S: Brindo por el conformismo.

0 coros disfónicos: