puzzle



Cuando los humanos están apuntalados, previos a su propia demolición, lo único que queda de la pobre y fea fachada es un calendario ajado que les permite recordar con vértigo todas las cosas que se dejaron de hacer y decir porque esta o aquella convención no lo permitía. Y lo peor es que todo el mundo puede verlo, o podría, si quisieran prestarle atención.


Jugamos al puzzle de los vidrios rotos, de la soledad y la desesperación sin saber que el fin mismo es la ruina que lo contempla. Podriamos sentirlo si no quisiéramos hacerlo, y lo peor es que podemos.

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