estrellas en turno de día



Dame una fuente de la que mane el concepto mismo de infinito. Dame el movimiento para hacer de su cinética la clave de aquello que no podemos comprender y que le da sentido. Dame una burbuja frágil y agrietada de algo translúcido como el vidrio líquido. Llamémoslo universo.


Dame cuerpos celestes, todos los que te pida, que brillen y finjan ser blancos y esféricos si no nos fijamos mucho. Dame la fantasía de los hombres que los unen y les ponen nombres, les inventan leyendas de dioses, les cogen cariño y les piden sus deseos menos vacuos. Dame la lejanía para que nunca puedan tocarse con los dedos. Dame su cándido resplandor titilante para que nunca se olviden de donde han venido y a qué deberían aspirar. Llamémoslas Estrellas.


Inventa un charco a los pies del universo donde las estrellas caídas puedan seguir ingrávidas y no le pongamos ningún nombre: basta con cerrar los ojos.

2 coros disfónicos:

Azul... dijo...

Llegué aquí buscando estrellas... ha sido mágico encontrarlas de día... ¡gracias!

jardinsecreto dijo...

Sí...cerrar los ojos...